viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 1

1


Mi príncipe Amarillo llegó por segunda vez al Palacio Real. Como cada noche, me cogió de la cintura, y me acarició el cuello suavemente, y…

-Yesi, despierta, corre, ya hemos llegado.
-¿Que… que… que ha pasado?
-¡Yesica, te has quedado frita! Ya estamos aquí.
-¿Tan pronto, Laura?
-Así es. Paula, Laura, Valeria y las demás ya han cogido sus maletas, solo faltamos nosotras…
-¿Y a qué esperas?

Laura, siempre siempre me levantaba en el momento más importuno. Aún así me la quería.

Cuando bajamos del tren, nos encontramos con Marc. Cómo no, vino a saludarnos, nos dio los dos besos, y se marchó.
Estábamos bajando del tren que nos llevó a Barcelona, cuando a Laura –como no-, se le quedó el pie enganchado en la vía.

-¡Valeria! ¡Ayuda por favor!
-¡Laura, estate quieta, que ya voy!

Al fin, pudo salir, y cuando nos dirigíamos al autobús…

-Chicas, se que decir cuando un chico nos tire la caña…
Todas nos quedamos mirando a Valeria, hasta que respondió.

-Hey miele, ho amico comune in da presentare?
Maria y Julia, no se enteraron de nada, en cambio, Paula, Laura, Lau y yo, nos pusimos a reír.

-¿De qué os reís, chicas?
-Valeria, déjalo. No uses más el traductor…
-Vale, sí, me habéis pillado…

Valeria, es de ese tipo de chicas locas, piradas… Total, de esas que en algún momento del día haces como si no las conoces. Y, ella, está orgullosa de ser como es. Eh, ¡que las demás chicas también lo estamos!


-

Nunca creí que ese verano iba a ser tan... como decirlo, ¿extraño, tal vez? No, esa no es la palabra. Ese verano fue por una parte inolvidable, y por otra parte, odioso. Al principio, al acabar las clases, creí que todo iba a ser como los otros años; tardes divertidas y veraniegas, las Siete quedando casi cada día... Vamos, lo típico de unas niñas inocentes que no han roto un plato en su vida.
Supongo, que me equivoqué al pensar que las cosas no pueden cambiar, porque de echo, siempre cambian. Cambian continuamente, y nosotros sin darnos cuenta también lo hacemos... Supongo, que me equivoqué al pensar que toda mi vida ya estaba resuelta... Y después de ese verano, es cuando me dí cuenta de que no hay que judgar un libro por la portada. Esque, no es que no sepamos lo que tenemos hasta que lo perdemos; sabemos claramente que lo tenemos, lo que no pensamos es que haya la opción de pérdida...

-


Una tarde de verano, 21 de Agosto del 2011
-Mierda.
Cogo un pañuelo de papel, y intento, con cierta suavidad quitar la mancha de ketchup que se me ha caído en el pantalón. Sin embargo, lo único que logro es hacerla más grande.
-¡Mierda!

El enorme plato de patatas fritas y carne ya me empezaba a hinchar. Mamá siempre se pasa con la cena, y nunca me deja servirme el plato a mí misma. Piensa que o me echo mucho, o muy poco... ¡No la entiendo!